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“Ya no quiero esa casa. Cualquier ruido que uno escucha, uno se asusta. Mis vecinos han sido una bendición. Esa gente me ayudó, pero yo no vuelvo para esa casa”.
Afligida por perder su hogar, pero agradecida a Dios por estar con vida, María Esteva relató el susto que pasó cuando grandes rocas se desprendieron del mogote contiguo a su hogar de la calle C, en la urbanización Alto Apolo de Guaynabo, y fueron a parar a su cocina.
“Ya no quiero esa casa. Cualquier ruido que uno escucha, uno se asusta. Mis vecinos han sido una bendición. Esa gente me ayudó, pero yo no vuelvo para esa casa”.
Afligida por perder su hogar, pero agradecida a Dios por estar con vida, María Esteva relató el susto que pasó cuando grandes rocas se desprendieron del mogote contiguo a su hogar de la calle C, en la urbanización Alto Apolo de Guaynabo, y fueron a parar a su cocina.

